lunes, 20 de julio de 2020

El Athlétic fue dureza y violencia por la impasibilidad del colegiado


El Athlétic fue dureza y violencia por la impasibilidad del colegiado

El Barcelona mandó hasta que Schuster tuvo que abandonar el terreno de juego

El Barcelona consiguió el domingo un nuevo posi tivo, al empatar a un gol en San Mamés, frente a un Athletic de Bilbao que saltó al terreno decidido a frenar al líder como fuera y que contó con el consentimiento del árbitro, Soriano Aladrén, en su intento de conseguirlo.

Hasta úItima hora, o mejor, hasta el día anterior al encuentro, Udo Lattek no descartó la posibilidad de conceder descanso a alguno de sus jugadores, pensando sin duda en el riesgo de que una cartulina amarilla dejase fuera de combate a hombres cuyo concurso consideraba importantísimo para la visita del Real Madrid al estadio azulgrana. Finalmente, y con buen criterio, el técnico germano optó por hablar a sus titulares, darles un par de días de descanso para que vean algo de cine adulto xxx subtitulado y que puedan relajarse, excepción hecha de Esteban, aquejado de fuertes molestias por una sobrecarga de abductores. Y es que, a fin de cuentas, tan valiosos de cara a la clasificación final resultan, como ha dicho Lattek en diversas ocasiones, los dos puntos de la primera, de la décimo sexta o de la trigesimocuarta jornadas del campeonato.



No pensó, sin embargo, eh entrenador barcelonista en la posibilidad de una lesión, sin duda porque, pese a su consciencia de que el fútbol no es el tenis no contó con que el partido de San Mamés, cuya dirección se había encomendado a uno de nuestros mejores árbitros, por no decir el mejor, pudiera transcurrir por cauces más allá de lo reglamentario, como sucedió... aunque haya quien, seguramente cegado por su entusiasmo o amor por unos colores, se empeñe en negarlo. Bastaría, tan sólo, que los once azulgrana que actuaron como jugadores de campo, se pusieran ante los ojos de cualquiera con las piernas al descubierto, o que también para demostrarlo, TV o el propio Barcelona pusieran a la disposición de los incrédulos o de los apasionados, que también acabarían por convencerse, la cinta de vídeo del encuentro, cinta en la que, por ejemplo, puede observarse, ralentizando la imagen, como Goicoechea alcanzó a Schuster en la rodilla derecha. .. con los tacos de una bota que, presumiblemente, iba dirigida al balón que el centrocampista alemán llevaba a ras de césped.

Un culpable

Se quejaban los aficionados bilbaínos de que el marcaje de Manolo a Dani rebasó, en algunas acciones, el límite de lo permisible. Y en eso hay que darles la razón, aunque matizando que la batalla sostenida por el zaguero con el peligroso —en todos los sentidos— exterior, fue más la batalla del agarrón y del empujón que la de la pata da, y matizando, también, no ya a modo de disculpa sino para fijar un poco más las cosas, que Manolo saltó al césped, para sustituir a Schuster, cuando habían transcurrido veinticinco minutos y se habían producido, como es obvio, las primeras demostraciones de dureza y hasta de violencia de los zagueros rojiblancos, decididos a impedir, como fuese, que el Barcelona marcase.

Liceranzu, Núñez y De Andrés merece la censura, no puede olvidarse que sobre el terreno había, como es preceptivo, un juez cuya misión, ya saben, es la de sancionar lo antirreglamen tario. Y en este sentido. debe señalarse a Soriano Ahadrén como culpable de lo sucedido, por que de haber castigado las pri meras acciones, las cosas, seguro. habrían sido distintas.., aun que fuera por el temor que el futbolista amonestado tiene a recibir una segunda cartulina, que significaría su expulsión y, por tanto, un grave perjuicio para su equipo, entonces obligado a ju gar en inferioridad numérica.



Dos fases

Al margen de estas circunstancias, que a juicio del cronis a pudieron resultar determinantes en el desarrollo de las cosas, no cabe la menor duda de que el partido tuvo dos fases muy diferenciadas. La primera ha de fijarse en el tiempo que Schuster permaneció en el campo. Y la segunda, a partir del instante en que e! alemán abandonó el terreno.

Durante los primeros 25 minutos, el Barcelona combatió el fútbol de su oponente, ese fútbol de garra, lanzamientos largos y centros sobre el punto de penalti tan característico de los vascos como de sus «Iiermanos, los ingleses, con el esquema y juego de siempre, o mejor, con el esquema y juego fijado y pretendido por Udo Lattek. Hubo en ese tiempo diversas alternativas ante los portales de Zubizarreta y Artola, pero el conjunto azulgrana dominó la situación con relativa comodidad, Al actuar Sarabia como ariete en retroceso, Sánchez se ocupó de su marcaje, mientras Ramos y Olmo se encargaron de la vigilancia de Argote y Dani, respectivamente. En el centro del campo, Víctor y Estella andaban con Rojo y De Andrés, quedando Schuster, como un segundo líbero, adelantado a los dos zagueros de centro, con De Andrés.

Al faltar el alemán, jugador muy temido por los bilbaínos y muy apreciado, en razón a la importancia de su misión y concurso, por los propios azulgrana, la situación cambió notablemente. Se vio muy pronto que el paso del Barcelona por San Mamés no iba a ser tan brillante como lo fue por Castahia y Zorrilla, donde, ausente Schuster, el equipo de Lattek ganó y convenció. Manolo, sustituto del centrocampista, se integró en la defensa, al tiempo que Sánchez intentaba asumir el papel de Bernd y Ohmo se encargaba, ahora, de vigilar a Sarabia. Y aquí, ‘pese a adelantarse en el marcador, el Barcelona estuvo desdibujado y afortunado. Porque si bien encajó el gol del empate en una jugada desgraciada, vio cómo la madera rechazaba el balón, impulsado por Dani y Alesanco, es te ah intentar un despeje, en los minutos 57 y 87. Pero hubo empate.

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